Mostrando entradas con la etiqueta anédota. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta anédota. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de febrero de 2010

Perdidos y sin hallar la casa del campo



"una casa alta de madera":-)))
Mix de anécdotas, dedicadas, con todo cariño, a los clientes más despistados:

Al confirmar las reservas, le envío a todo el mundo indicaciones de cómo llegar. Los que en seguida me dicen “tranquila, tenemos GPS!”, esos son los que más nerviosa me ponen! Intento mentalizarles de que a no ser que esté muy actualizado, estos lares no suelen estar bien localizados, pero… ¡Qué va a saber “la paisa” ésta de la aldea… seguro que no tiene claro ni lo que es un gps…! _pensarán ellos_. Y la mayoría acaban en el monte o llegando a la casa, pero tras haber hecho un exhaustivo reconocimiento del pueblo y a veces de todo el municipio. En fin, una no puede competir con las nuevas tecnologías…


Luego están los que haciendo caso de las indicaciones, por su buen sentido de la orientación o por su gps actualizado, llegan al pueblo, pero no dan con la casa, porque eso de “seguir la carretera principal” no sé qué les parecerá a ellos… Mejor nos vamos por esta “caleya”, que llegamos igualmente, no ves que todos los caminos conducen a Roma! Y después de muchas vueltas, te llaman:
_no encontramos la casa.
_Tranquilo, dígame dónde está, qué está viendo y les voy a buscar.
_Pues nada, bueno… aquí delante hay una casa de madera muy alta.
_¿una casa de madera?
Procesando rápidamente la información: (pero, si no están permitidas las cabañas de madera en el centro del pueblo…)
_¿Qué están en medio de un pinar?
_No, no, árboles no hay
(Casa muy alta… de madera… humm??????)
_¡Hombre, lo que usted está viendo no será un hórreo?!! (y sólo hay una docena de ellos en el pueblo... _pienso_). Por favor, dígame qué coche tiene y le buscaré por los caminos…

Y me quedan los que nunca llegaron. En una ocasión esperaba la llegada de unos clientes, sobre las 5 ó 6 de la tarde _me habían indicado que llegarían_. Las 7 y nada, las 7:30… las 7:50 y me llaman que se han perdido, que no saben dónde está Lamuño…
Explicaciones…
Las 8:30…8:45… (el que espera desespera!!) 9… y me animo a llamarlos:
_No quiero molestarles, pero temo que se han vuelto a perder, porque si estaban cerca, no se puede tardar tanto…
_Esto es un desastre, no vemos la dichosa casa por ninguna parte, ya hemos cruzado todo el pueblo!
_pero, ¿qué están viendo?, no se preocupe que yo voy a su encuentro.
_La carretera se ha acabado, estamos en la tierra!
_Bueno, por la noche todos los gatos son pardo, pero se habrán fijado en algo llamativo de la que pasaban, no? ¿unos invernaderos que están a su derecha? ¿hay alumbrado público desde la última casa que han visto?, etc. (yo creyendo que estaban al final de Lamuño)
_No hemos visto nada de eso, sólo la tierra y el mar…
(Acabáramos!! Están en una playa, siempre se me olvida que a la arena la llaman tierra…) (a saber en cuál?)
_¿Han bajado por una gran pendiente?
_Ya no sé lo que hemos subido, ni bajado, nos volvemos a Madrid, no se preocupe!!! _esto ya con tono desagradable_
Despedida…
(ja! a las 9 y pico de la noche y hartos de dar vueltas! No se lo cree ni el tato… En fin, pondremos que anulan porque no encuentran la casa y se vuelven para la suya… ;D

domingo, 18 de octubre de 2009

Anécdota de la casa del campo

Recordando anécdotas que me han pasado a lo largo de estos 13 años en la casa, me he animado a escribir una. Os la paso, para variar un poco el tema y a ver si logro sacaros una sonrisa.

Ahora se alquila íntegra, pero hasta hace nada alquilaba habitaciones y yo vivía en ella. De la que empecé, hace ya 13 años, era mucho más tímida que ahora. Lo digo para que os imaginéis el bochorno que pasé con la historia que voy a contar. Yo creo que fue el primer o segundo verano (septiembre, probablemente, por el tipo de clientes que tenía en la casa, muy tranquilos), la cuestión es que tenía alojados los siguientes personajes: 2 curas, 2 señores muy mayores (rondando los 90 años) y un matrimonio muy peculiar, ¡mucho!, con un bebé y un perrito. Yo dormía en la segunda planta también, mi habitación era la del fondo a la derecha; los señores mayores dormían en frente; los curas en la primera de la derecha y la pareja en la que queda. Una noche, sobre la 1 de la mañana, entran los señores mayores en la casa, caminaban con torpeza, eran bastante ruidosos y yo que suelo dormir con un ojo abierto me desperté. Así que los oí subir las escaleras y todo lo que pasó a continuación: intentan abrir con su llave la primera habitación de la izquierda; las llaves tenían número como la habitación, pero con las horas y la torpeza de los años no se fijaron y tras forcejear varias veces el señor peculiar ya despierto les abre la puerta: buenas noche! Los señores mayores preocupadísimos, porque eran despistados, pero muy educados:
_“lo sentimos. Pensamos que era nuestra habitación, etc.”
_“ Pues ya ven, no, aquí dormimos mi mujer y yo…”
Pero el señor peculiar no cierra la puerta y se queda en el pasillo con los otros; que se dan media vuelta e intentan abrir la puerta de enfrente;
_ “Creo que esa tampoco es la suya. Ahí tengo entendido que duermen dos curas…” _les dice el señor peculiar_. “Vaya, ¿pero es que no saben cuál es la suya?
Los otros no sé que argumentan… Y acto seguido, emprenden pasillo adelante y se paran, y en vez de meter la llave en su puerta la meten en la mía; yo que los oigo manipular la manilla, enciendo la luz y me siento en la cama con unos nervios que no podía… me moría de vergüenza abrirl en pijama para explicarles que esa habitación tampoco era la suya… pero no hizo falta, porque la puerta se abrió y me encontré con los 3 dentro de mi habitación… Yo roja como un tomate, los viejecillos avergonzados y aturdidos, porque a esas alturas ya temían hasta haberse equivocado de casa… y el señor peculiar muerto de la risa, diciendo: “pues esta tampoco es! Coño, aquí duerme la posadera!!!! como sólo queda una, tiene que ser la suya. Buenas noches”



Hoy me río mucho recordando la situación, pero en aquel momento me quería morir; y no digo nada, al día siguiente en el desayuno, el cachondeo que se trajo el peculiar, que bien podía haberles mirado el número de la habitación en el llavero y no andar de cachondeo a nuestra costa…
Y os preguntaréis cómo es que abrieron mi puerta, pues dio la coincidencia de que la llave de ellos abría 2 y yo no me había dado cuenta. Ahora que lo pienso, menos mal, que abrieron la mía, porque si llega a ser la de otros clientes, entonces podía haber sido muy gorda…